BIBLIOTECAS EN GUERRA
El Gobierno de la II República española se caracterizó fundamentalmente por su afán de extender la educación, la ciencia y la cultura a todo el pueblo y hacer de España un país próspero, culto y de progreso. Para ello contaba con la ingente labor de la Institución Libre de Enseñanza, de Cultura Popular o del Ministerio de Instrucción Pública. Las bibliotecas constituyeron un instrumento esencial de difusión del libro y de la lectura y se extendieron por doquier a las ciudades y pueblos de España. Allí donde no había bibliotecas, en las aldeas más recónditas, llegaban las Misiones Pedagógicas con sus libros, sus enseres de teatro y sus gramófonos y discos. El futuro estaba en las manos de la cultura y ésta pertenecía al pueblo español. Venía de la mano de trabajadores o intelectuales como Navarro Tomás, director entonces de la Biblioteca Nacional, Teresa Andrés, Jordi Rubió, Juana Capdevielle, María Moliner y tantos y tantos otros. Futuro que sería truncado de golpe por quienes lograron hacer de España una patria negra sumida en la ignorancia, el dogmatismo, el odio y el miedo
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